Sin
duda ha sido el mejor futbolista mexicano, pero
eso no garantiza su futuro desempeño
con el tricolor.
Cerró
el 2006 consiguiendo la meta anhelada de su
nueva realidad en el deporte que lo encumbró:
ser técnico de la selección nacional.
Durante casi
tres años fue el peor crítico
de Ricardo Antonio LaVolpe. Hugo pedía
a gritos manejar al Tri, sobre todo después
de conseguir el bicampeonato con Pumas. Pero
LaVolpe tenía el respaldo de la las autoriades
de la Federación Mexicana de Futbol para
concluir su ciclo en el Mundial de Alemania
2006, donde concluyó con una triste eliminación
y el lugar 15 entre 32 competidores. Mediocridad
pura.
Hugo pidió,
a gritos, relevar a LaVolpe para evitar el desastre
que llegó con la eliminación de
México ante Argentina en la segunda ronda.
No se cumplió con el quinto partido ni
se llegó a las semifinales, como era
el sueño de los desubicados aficionados
mexicanos que se la creyeron.
La oportunidad
es hoy de Hugo. Sentarse en la banca de la selección
nacional asumir la responsabilidad plena y demostrar,
con hechos, que las promesas se pueden cumplir
con la mejor actuación de la historia,
entra hoy al escrutinio popular.
Atrás
quedaron las marometas, las "huguinas",
las acrobáticas acciones, el cliché
de la casa: el festejo eufórico, los
brazos a la tribuna y la inmortalidad en la
selecta lista de los goleadores.
Hugo, lo
ha dicho Jorge Valdano, "es un pragmático
del futbol y de la vida misma".
Dentro del
área, con un leve toque o un poderoso
disparo, de un solo golpe, incribía su
nombre en el marcador. Era un goleador de raza.
Los números
avalan la trayectoria de un triunfador singular,
de un hombre resuelto, que salía al campo
a matar o morir, con una personalidad única,
con un espíritu indómito.
"Dentro
de campo tenía siempre el instinto homicida
latente. En el futbol no hay nada más
realista que un goleador porque su eficacia
se cuantifica en goles", dijo Valdano para
describir al guerrero del área. Luego
Hugo decidió ser entrenador.
En Pumas
debutó profesionalmente como jugador.
Y ahí alcanzó su huella indeleble
de goleador de época. Fue también
Pumas quien le dio la oportunidad de debutar
como entrenador. Y ganó dos campeonatos
de liga. Es el único bicampeón
de los torneos cortos. Mostró nuevamente
su faceta de voraz insaciable del éxito.
Pero está delante de su reto mayor.
Como jugador,
compartía la responsabilidad con diez
más. Hoy, aunque tenga un nutrido grupo
de asesores, es el hombre más solitario
de México. Él, delante de su conciencia,
tomará las decisiones más importantes
en los próximos meses, empezando por
la primera convocatoria de jugadores para el
juego contra Estados Unidos de 7 de febrero
próximo.
Hugo tiene
que pasar de las palabras a los hechos. No escapa
a la regla no escrita del futbol: el entrenador
es hijo de los resultados.
Al terminar
su responsabilidad con la selección,
Hugo será será endiosado o lapidado,
dependiendo de sus resultados.
No tiene
ni remotamentela mesa servida. Al contrario:
están emboscados muchos francotiradores
con el rifle listo, para aprovecar cualquier
descalabro. Pero está también
su fe inquebrantable, su bien dominado autocontrol
para el manejo de crisis y su determinación.
No necesita
aplausos porque el mismo Valdano ha dicho que
Hugo Sánchez "es el mejor agente
de relaciones públicas de sí mismo"
que ha conocido.