La
final se jugará en la cancha de Cancún,
que no fue muy bien recibida en un principio
MÉXICO
-- Nadie, nadie que tuviera sentido de la realidad,
de la coherencia, de la historia y de las circunstancias
actuales habría pronosticado una final
como esta en el fútbol mexicano. ¿Atlante
y Pumas? Que va... De media tabla hacia abajo,
si les va bien y sólo si se combinan
algunos acontecimientos, pero nada más.
Pensar que la cancha del Atlante, una nueva
sede en Cancún que hace 122 días
era criticada severamente por los propios Pumas
en el partido inaugural se haya convertido en
la sede de la final del campeonato, era verdaderamente
inaudito. A pesar de ello y de todo lo que significó
una criticada mudanza, el equipo azulgrana tuvo
la fortaleza de terminar entre los cuatro mejores
del campeonato.
Pero tampoco
hay que pensar que el Atlante lo tenía
todo solucionado dentro de la cancha. Conformó
un plantel con algunos jugadores que habían
sido rechazados por otros equipos en la propia
liga: Gabriel Pereyera (Cruz Azul), José
Joel González (Monterrey) y Alain Nkong
(No tuvo equipo hasta el último instante
en el cierre de registros) han resurgido futbolísticamente.
Punto
y aparte merece el trabajo del técnico
José Guadalupe Cruz, quien con poco --mucho
menos que otros equipo que invierten grandes
cantidades-- ha logrado competitividad, y no
sólo eso, lo ha hecho con el estilo del
buen fútbol que exige la escuela azulgrana.
Cruz es ya desde hoy, independientemente de
lo que suceda en la final, el entrenador del
año en el fútbol mexicano.
La historia
de Pumas también tiene toques surrealistas.
Cuando Ricardo Ferretti llegó en su segunda
época como técnico del equipo
la misión, fundamentalmente, era alejarlo
del peligro de la tabla porcentual. Ferretti
no sólo aclaró el panorama tras
una larga cruda de aquel bicampeonato con Hugo
Sánchez, sino que puso orden y pidió
volver a las bases fundamentales de la escuela
puma.
El trabajo
del brasileño Leandro Augusto y de los
argentinos Scocco y Solari ha sido sobresaliente,
pero no hay que olvidar que el espíritu
universitario depende casi siempre de los jugadores
surgidos en cantera. Y la noticia de esta extraordinaria
campaña sostiene también la vuelta
de las afamadas fuerzas básicas de los
Pumas. Fernando Espinoza, Héctor Moreno,
Efraín Velarde, Israel Castro y Pablo
Barrera son una prueba fehaciente de que universidad
ha vuelto a desarrollar esa clase de jugadores
de fuerza, temperamento y garra que por años
fueron la materia prima de la selección
nacional.
Nadie,
ni siquiera sus más fervientes seguidores,
podrían sospechar que Pumas y Atlante
arribarían a la final del fútbol
mexicano.
Ya habrá
tiempo para poner sobre la mesa qué tipo
de condiciones envuelven a esta final, quién
debe ser marcado como favorito y que factores
envolverán a los 180 minutos o más
de la serie. Por lo pronto, a nadie dejar de
sorprender que Pumas y Atlante estén
jugando por el titulo este fin de semana.